miércoles, 24 de agosto de 2011

Era rubia, bonita, muy bonita (III)

E: - ¿Quisiera saber qué es lo que pensás cuando la ves?

Había visto a E hablar con C y mirarme de manera superada. Ellas sabían muy bien que yo estaba viéndolas. Nunca fui un Romeo, tampoco quiero serlo, pero me ganó la curiosidad:

Yo: - ¿Ella te preguntó por mí?-dije con una expresión ganadora...
E: - No

Ya me parecía...

E: - Dice que te soñó...

Aquí, amigos, se me quemaron los libros. A partir de ese momento ya nada fue lo que se presumía.

Al otro día pasó C y me animé a decirle algo, no recuerdo qué por mis nervios... Lo cierto es que a las dos horas estuvimos en un café.
La madrugada nos encontró charlando, y yo empezaba a gustar de las reuniones en cafés, antes nunca me gustaron, no se aún los motivos; pero cuando miraba sus ojos mi mundo se perdía en el suyo, la magia de sus labios moviéndose era extremadamente excitante y sus silencios repentinos me dejaban la posta para tomar la palabra.

A partir de aquel instante perdí la noción del tiempo y, cuando pasa por la puerta de mi oficina, ya no se qué es realidad y qué fantasía.  

(...)

1 comentario:

Alejandra Edith dijo...

Una historia mágica por decirlo de alguna manera, quedas atrapado en cada palabra, todo te hace parte del relato y nada te hace suponer lo que vendrá después.Te felicito es más que magnifico.