viernes, 2 de diciembre de 2011

impuntual


Caminaba apurado en la penumbra de esa calle vacía, el silencio de mi mujer dormía en nuestra cama y no quise despertarla.
Con sigilo apoyé mi cuerpo a su lado...  se sacudió el piso y luego mi sueño.
Desperté con el sudor en mi frente y ella me dijo:

- Llegaste!

Las velitas se habían consumido de tanto esperar(me) pero ella, lejos de consumirse, había decidido reponer fuerzas para darme su amor en la madrugada azul...

y nos amamos, otra vez...



6 comentarios:

Verónica dijo...

Ella no estaba enfadada, por lo visto.
¡Precioso! Diego.
Buen finde
Un abrazo

Maritza dijo...

Debe ser una mujer extraordinaria...cualquiera no reacciona así! ;)

Besos.

Luna dijo...

Y así, da gusto la impuntualidad...
Y siempre, siempre la llamita del corazón encendida.

Saludo grandote, Diego. Bonito fin de semana.

Lapislazuli dijo...

premio a la impuntualidad y sin reproches. Muy bueno. Un abrazo

Alejandra Edith dijo...

Un relato profundo que parece, sin lugar a dudas, una oda al amor incondicional.Felicidades.

Diego dijo...

Gracias por venir a visitarme acá también.
Sin duda hay amor, claro.

Abrazos grandes